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La semana pasada te compartí la experiencia de mi último viaje inesperado a Madrid. Aún recuerdo las porras que me comí y de los 90 minutos de terror que viví viendo esa película con mi hermano.

Hoy quiero compartirte la segunda parte de ese viaje que hoy veo como un milagro.

Después de pasar unos días maravillosos con mi hermano y su prometida y de disfrutar de sus atenciones al máximo, agarré un tren rumbo a Valencia, ciudad donde vive mi “soul sister”. Ella y yo hemos sido amigas por cerca de 30 años, y con muchas idas y venidas, nuestras amistad sigue igual que cuando nos conocimos en el colegio.

Solo estuve con ella por 48 horas, pero cada hora fue tan maravillosa que aún me siento caminando por el Barrio del Carmen a punto de comer en una restaurant francés (sí lo sé ¿francés en España? Es que era su preferido y yo ¡me dejé invitar!

Fueron 48 horas de absoluta conexión. Ella también me hizo sentir muy especial.  

Después de mucho hablar, de comer, de pasear y de correr como locas en la estación del tren para no perder el próximo vagón, llegamos a la playa. También su lugar favorito…

Caminamos en la playa filosofando y planeando muchas cosas para vivir juntas. De repente una llamada. Era su hermano mayor. Cuando empecé a escuchar la conversación un poco imprecisa, decidí alejarme para respetar su privacidad.

Al cabo de uno minutos, ella se me acercó y llorando me dijo: se ha quemado la casa de mis padres, pero ellos están bien.

No imaginan el dolor que sentí. Solo pude abrazarla en silencio. No había palabras que pudieran calmar su dolor, pues cuando estás a más de 4.000 kilometros de distancia de tus seres queridos, el dolor se siente aún más profundo.

Hoy te cuento esta historia porque quiero que entiendas el poder de prestar atención al momento presente. Si yo no hubiese estado consciente cuando la oportunidad de ir a España apareció de la nada, no hubiese podido abrazar a mi “soul sister” en ese momento tan duro. Las sincronías del Universo existen, y sólo las verás si estás atenta.

Para mí estar allí con ella ese día fue como un milagro. Yo pude haber elegido ir otro día. Pero no. El Universo me puso enfrente la oportunidad de compartir cara a cara con mi hermana del alma su dolor, para poder brindarle lo mejor de mí: mi amor incondicional.

Así pues, no desperdicies las oportunidades que te presenta la vida, por buscar un mejor momento, pues puedes perder el privilegio de vivir un milagro.

Recuerda, deja de vivir en automático y empieza a vivir en ¡automágico!

Dr. G

PD: Esa foto fue tomada en el restaurant francés en el Barrio del Carmen.