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Sí, mi ego se llama así. Yo le puse nombre a mi ego cuando entendí el valor que tenía su presencia en mi experiencia humana. Y es que cuando le empecé a llamar por un nombre que me gustaba, dejé de pelear con él, y empecé a observarlo con compasión. Se volvió mi consejero.

Sé que esto puede sonarte muy raro y quizás discordante con tus creencias personales, pero yo lo veo de esa forma, iasí que aquí voy!

Mi ego se ha vuelto ese consejero que siempre escucho, pero que no siempre sigo. Él está allí para recordarme cada cosa que sí puedo hacer, o que debo seguir trabajando para poder alcanzar mi bienestar pleno. El ego cuando lo ves desde tu mejor SER, no es ni bueno ni malo. 

El ego es esa voz en la cabeza, como le dice Eckart Tolle (@eckharttolle), que nos muestra constantemente las áreas que necesitamos mejorar para vivir una mejor experiencia y descubrir nuestro verdadero ser. Te recomiendo que empieces a escuchar la voz en la cabeza con gratitud. Haz pausas atentas y escúchalo con curiosidad para entender su propósito.

Cuanto más hablo con Federico (mi ego) más aprendo a ser una mejor persona. A veces me encuentro diciendo algo como esto: Hola Fede, sé que eres tú, no yo. ¿Qué quieres que revise en mí esta vez?

Por ejemplo, cuando mi ego me dice: “eres buena dando conferencias”, yo lo escucho y con consciencia entiendo que siempre hay algo que mejorar, y me aplaudo por lo logrado. Vale, recuerda que también soy humana y quizás a veces me creo el piropo más de la cuenta. Pero el silencio y la observación me ayudan a volver a mi centro. 

Por otro lado, cuando mi ego me dice: “defiéndete, pues tú has trabajado mucho“, yo lo escucho y en silencio identifico lo que aún debo sanar para seguir aumentado mi bienestar. Aunque a veces, de nuevo – debido a mi naturaleza humana-, puedo disparar una reacción inapropiada. Lo importante aquí es reconocer y revaluar nuestras acciones, para seguir avanzando. #sinjuicio 

Recuerda no podemos cambiar lo que no vemos (con los ojos físicos o del alma)

El ego es ese “yo” lleno de creencias, hábitos, y patrones de conducta basado en experiencia previas, y que trabaja en automático. Pero nosotros somos más que esa serie de hábitos que vamos mostrando sin pensar. Nosotros somos una energía maravillosa, y cuando entendemos  esto empezamos a fluir con el universo y a crear una mejor realidad. 

El mindfulness nos ayuda a abrir espacios para redireccionar patrones y expandir nuestra percepción sin juicios unilaterales. Es decir, el mindfulness nos ayuda a evaluar las situaciones por lo que son y no por lo que queremos que sean, para luego tomar decisiones coherentes con nuestros deseos del alma.

A través de las prácticas del mindfulness podemos silenciar nuestro ego y empezar a reconectarnos con ese gran SER que ya somos. Nuestro ego no es un enemigo, es un consejero al cual debemos escuchar, pero no siempre debemos hacerle caso.

Ahora seguramente te preguntas, ¿pero cómo hago cuando el “ego” se dispara en medio de una situación difícil? ¿Cómo lo callo, si siento que exploto?

Así que te sugiero lo siguiente:

Durante ese momento álgido, has silencio, apártate físicamente de la situación, y recuerda que quien vivirá o sufrirá las consecuencias de tus palabras (acciones) serás tú misma. Tomar distancia de ese ser reactivo (es decir, de nuestro ego) más frecuentemente, nos ayuda a expandir nuestra percepción de los hechos.

Fíjate en la palabra clave aquí – (más) frequentemente-; eso quiere decir que el ego siempre estará allí, y buscará controlarnos. Todo dependerá de nuestro nivel de consciencia. 

Y ahora cuéntame, ¿ya le pusiste nombre a tu ego? Escríbeme a drg@drgcircle.com, o mándame un mensaje directo vía Instagram a @drgcircle. Me encantaría saber de ti. 

Con cariño,

Dr. G